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Tardes de llanto
Se acerca la tarde y los papás ya están nerviosos. Es que saben que su hijo comenzará a llorar y será muy difícil calmarlo. Es un episodio que se repite a diario y que los tiene agotados. En muchos casos a estos niños se les termina diagnosticando cólicos y nada mejora mucho hasta que la guagua no va creciendo. La verdad es que actualmente esta dolencia que afecta al 20% de los lactantes, se está relacionando más con una etapa propia del desarrollo en cierto tipo de niños, que un problema de inmadurez digestiva. Nuevos estudios señalan que el cólico no es patológico sino que se trata de una fase normal del crecimiento en niños que son más susceptibles a los estímulos que otros.

El niño con cólicos tiende a estar inusualmente sensible a la estimulación. Algunos experimentan una incomodidad mayor por los gases intestinales, lloran de hambre, otros por comer demasiado, incluso hay casos en que no toleran ciertos alimentos en la dieta de la madre. En resumen actualmente ciertos especialistas apoyan la idea de que el miedo, la frustración o hasta la excitación pueden llevar a una molestia abdominal y al cólico en la guagua.

Exceso de estímulos


Las guaguas que reciben demasiados estímulos durante el día y son sensibles a ellos, tienen ciclos irregulares de sueño y vigilia. Llega un momento en que se sienten tan sobrecargados que descansan con el llanto, por esto en general este tipo de llanto se presenta en la tarde-noche.

La mayoría de los niños tienen ritmos predecibles de sueño, vigilia y alimentación. Pero las guaguas más sensibles a los estímulos externos parecen no comportarse de acuerdo a patrones establecidos. Cuando se sobrestimulan no logran recobrar la calma por lo que no pueden dormir. En su lugar se muestran muy agitados y llorones.

Cuando en definitiva tu guagua es sana -hecho ya comprobado por el pediatra- pero no consigues que en las tardes pare de llorar, te presentamos algunos consejos que pueden resultarte útiles:

-Fomenta las rutinas: es bueno desde el mes de vida acostumbrar al niño a ciertas rutinas. Se puede establecer una hora de irse a la cama cada noche previo baño y alimentación. Pase lo que pase trata de seguir siempre el mismo horario, por muy llorón que esté, de a poco se irá adaptando a esta pauta, aunque te cueste creerlo…

-Mamá atenta: es muy importante que a pesar de lo agotada que te encuentres, estés atenta a lo que ayuda a tu hijo a relajarse. Sin duda con el tiempo te darás cuenta que hay ciertas “maniobras” más efectivas que otras con él para lograr que se calme, recurre inmediatamente a ellas sin alargar las horas de llanto. Por ejemplo hay niños a los que los tranquiliza el contacto piel a piel, mecerlo o cierta música. Que tu neurosis con los llantos no te obstaculice el ver lo que le ayuda, tendrás mucho ganado…

-Foméntale el que se “autoregule”: es bueno que a medida que la guagua vaya creciendo, tenga ciertos objetos que lo ayuden a calmarse. Puede ser útil el chupete, un juguete especial o su tuto; estos objetos a la larga el niño los irá identificando con tranquilidad y le servirán en cierta medida como “sustitutos maternos” que le darán seguridad.

-Descansa: muchas veces los niños están irritables porque notan el ambiente a su alrededor “cargado”. La mejor ayuda para este tipo de niños es tener una mamá descansada y relajada. Aunque esto te resulte prácticamente imposible es muy importante intentarlo buscándote espacios propios y confiando en la ayuda de familiares y amigos para el cuidado de tu hijo. Sin duda si tú estás en paz, se lo transmitirás a tu hijo.

-Envuélvelo: a muchos recién nacidos les gusta estar envueltos, se sienten protegidos y seguros porque les recuerda la protección del útero materno. De hecho, un estudio comprobó que envolver a las guaguas irritables antes de acostarlas, las ayudaba a dormir mejor.

-Masajes: hay guaguas en que los masajes resultan muy eficaces para relajarlos. No son difíciles de aprender y fomentan el apego materno. Pruébalos con tu hijo.

-No lo dejes llorando: cuando la guagua es muy chica no está manipulando, lo que necesita es atención y protección para sentirse segura. Además recuerda que cuando lloran tragan más aire, por lo tanto sienten más molestias. Haz un recorrido por lo más básico como mecerlo y cantarle canciones de cuna, por algo existen en todas las culturas.

 

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