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¡Con los sentidos alerta!
Nacer no debe ser fácil. El feto en el útero vivía en un espacio cálido, húmedo y oscuro, sentía el corazón de su madre y no debía hacer el menor esfuerzo por alimentarse. Hasta que más tarde o más temprano llegó su hora y la luz se hizo. Apareció desorientado en una sala de parto, con ruidos y focos y claro comenzó a llorar…

Es bueno para las madres imaginar esto y saber qué es capaz de percibir su hijo, para ayudarlo en su período de adaptación. Ya quedó atrás la idea de que la guagua lo único que hace en sus primeros meses es dormir. Se le puede estimular, querer y sobre todo tratar de entender desde el día que llega a este mundo. Además mientras más presente e involucrada este la mamá, sin duda las cosas saldrán más fáciles desde el primer día.

-Vista:

Su ojo, aún en formación, es suficientemente maduro: el recién nacido ve. Pero ni sabe controlar el movimiento de sus ojos a voluntad, ni la claridad de su visión es completa. Sin embargo, en ambas capacidades madura rápidamente durante los primeros meses de vida y pronto es capaz de fijarse más en unas cosas que en otras: de hecho la cara humana atrae mucho su atención y pueden captar las diferentes expresiones faciales.
A más de 25 centímetros la guagua es miope y aunque mueve los ojos, no ve todo lo que está a su alrededor, porque su agudeza visual es 40 veces menor que la de un adulto. En un comienzo clasifica colores básicos como el azul, rojo, amarillo y verde. Sin embargo, sus avances son sorprendentes y ya a los cuatro meses cuenta con visión en profundidad.

-Oído:

Su oído funciona desde la semana 24 del embarazo, mucho antes del nacimiento. Al igual que sucede con la visión, podemos afirmar que el recién nacido oye, aunque resulta difícil determinar qué intensidad de sonido puede percibir. Sin duda la voz humana es su sonido favorito y cuando se trata de la de la madre o padre actúa como calmante. Muchas madres les ponen música a sus hijo mientras están en el vientre y luego de nacidos, cuando las vuelven a escuchar se supone que también les brinda una sensación de placer.

-Olfato:


Los recién nacidos ya vienen con el olfato desarrollado, como lo evidencian pruebas en las que se les observa una marcada orientación hacia prendas usadas por la propia madre frente a las usadas por otra persona. No es de extrañar que esto sea así, ya que es lo que ocurre de forma habitual, aunque en un grado más desarrollado, en otros mamíferos cuya supervivencia depende de su capacidad para identificar, por el olfato, las ubres de la propia madre. De hecho al recién nacido lo que más lo calma es percibir el olor de la madre y de la leche materna, que reconoce a los tres días de nacido. Con el tiempo también aprende a distinguir el aroma del padre y de los cercanos.

-Gusto:

El sentido del gusto ya está presente al nacer: los neonatos son capaces de detectar cantidades mínimas de sal y mostrar su preferencia por determinados sabores. De hecho sus papilas gustativas comienzan a desarrollarse desde sus primeros meses de desarrollo fetal, así cuando nace ya distingue y reconoce los sabores, prefiriendo lo dulce a lo ácido o amargo.

-Desarrollo intelectual:

Su cerebro desde el nacimiento es muy activo. Cientos de chispazos y descargas eléctricas anuncian la creación de nuevas conexiones neuronales. De hecho, al nacer el cerebro de un niño tiene 100.000 millones de neuronas, número bastante cercano a las que necesitará a lo largo de toda su vida. Lo que aún no se ha dado es la conexión entre ellas, pero ya al año de vida la actividad neuronal es sumamente precipitada, incluso el cerebro de un niño de dos años tiene el doble de conexiones y gasta el doble de energías que el cerebro de un adulto. Pero sin duda para que el niño se desarrolle al máximo, lo que necesita son estímulos y el principal es el afectivo. Cuando un niños tiene juegos, abrazos y cariño de parte de sus padres tiene hasta un 30% más de probabilidades de un mayor desarrollo cerebral que el niño que carece de este apoyo.

 

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