| Apego: volver a lo natural |
El nacimiento es uno de los cambios más importantes que el ser humano debe enfrentar. Debe pasar del confortante calor del útero materno a la frialdad y rudeza del mundo exterior. En cuestión de segundos debe establecer funciones vitales como la respiratoria, le molesta la luz, siente un cambio de temperatura y lo manipulan manos extrañas para él. De hecho el nacimiento es una verdadera prueba de la resiliencia biológica y psicológica. Es por esto que resulta muy valiosa cualquier ayuda en su proceso de adaptación. Sin duda una referencia cercana a su vida intrauterina son los latidos del corazón de la madre y esto sumado al calor de su piel, a oír su voz y sentir su olor constituyen importantes aportes a su sensación de seguridad. Esto es lo que se conoce como apego, al vínculo que se produce entre los padres y el hijo a través del contacto piel a piel después del parto. Las bases de este concepto, están en investigaciones que mostraron que hay un comportamiento genético, no aprendido en el nacimiento: las guaguas vienen activas, con los ojos abiertos y buscan el contacto con la madre; se mueven, buscando el pecho y empiezan a mamar de inmediato. Así, se tomó conciencia de que lo mejor para la madre y el hijo era seguir un poco lo que la naturaleza indicaba. No se trata sólo de un vínculo afectivo o de puro sentimiento, en este proceso hay mucho de natural y biológico. En el reconocimiento primero madre e hijo juegan un rol fundamental los órganos de los sentidos, especialmente el olfato, el tacto y el oído. La guagua es capaz de ver lo que está a 20 centímetros de sus ojos y reconoce la voz de su mamá mucho antes de nacer. El recién nacido también reconoce a su madre por el olor. De hecho este lo guía a la hora de tomar papa y el contacto con su piel lo ayuda a mantener la temperatura. Lo que normalmente sucede en este proceso es que el niño a los pocos minutos se calma, abre los ojos comienza a salivar y a explorar el pecho materno. Muchos consiguen por sus propios medios acercarse al pezón y comenzar a succionar, en este caso calostro, que además fortalece sus defensas. Esto además favorece mucho la lactancia materna. Otro beneficio de que el niño comience a mamar, es que la mujer vuelve a secretar ocitocina, lo que contrae su útero y reduce el sangramiento post parto. Muchas madres temen que la guagua se vaya a enfriar o le haga mal, pero está comprobado que no es así, que con el contacto piel a piel mantienen una buena temperatura corporal. Además todo el proceso es cuidado de cerca por un neonatólogo por si surgiera cualquier complicación. Pero tampoco hay que pensar que es la única forma de vincularse con el hijo, muchas mujeres no pueden acceder a esta instancia después del parto por razones médicas, de ellas o sus hijos y no significa que la relación con su hijo va a ser peor, el apego se puede establecer con posterioridad. Sin embargo, si se puede tener la oportunidad mujeres que lo han vivido sin duda recomiendan la experiencia. Beneficios: -Existe evidencia científica, según la cual el apego tiene múltiples beneficios en la salud futura de los niños. Esto se ha comprobado en países como Finlandia, donde por años el estado ha invertido una gran cantidad de recursos para incentivar estas prácticas y como resultado luego de algún tiempo, han visto que tienen niños mucho más saludables, menos propensos a caer en conductas adictivas y con un nivel intelectual algo mayor. -Un estudio en chilenas mostró que de las que recibían de inmediato al recién nacido, el 70% continuaba la lactancia a los 6 meses. De las que no, sólo 35% seguía dando pecho en ese lapso. -Otros estudios señalan una baja incidencia de depresión post parto en las madres que han vivido experiencia de apego con sus hijos. Esto sucede porque al establecer un vínculo afectivo con el bebé, las madres conservan esa conducta y asumen su maternidad sin temores, inseguridades o sentimientos de culpa. -Asimismo, la ocitocina, hormona secretada por el organismo para soportar el dolor de las contracciones y que está muy activa en el momento del apego, favorece en la madre el nacimiento del instinto materno, sentimiento que se refuerza con el contacto piel a piel. - La guagua puede desarrollar sin interferencias su instinto natural para tomar leche. Tendrá más facilidad para ubicarse en la posición correcta, por lo que la lactancia se dará en forma adecuada. - Desarrolla en el niño hormonas digestivas que favorecerán una mejor absorción de los alimentos y aprovechamiento de las calorías.
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El nacimiento es uno de los cambios más importantes que el ser humano debe enfrentar. Debe pasar del confortante calor del útero materno a la frialdad y rudeza del mundo exterior. En cuestión de segundos debe establecer funciones vitales como la respiratoria, le molesta la luz, siente un cambio de temperatura y lo manipulan manos extrañas para él. De hecho el nacimiento es una verdadera prueba de la resiliencia biológica y psicológica. Es por esto que resulta muy valiosa cualquier ayuda en su proceso de adaptación. Sin duda una referencia cercana a su vida intrauterina son los latidos del corazón de la madre y esto sumado al calor de su piel, a oír su voz y sentir su olor constituyen importantes aportes a su sensación de seguridad.
-Existe evidencia científica, según la cual el apego tiene múltiples beneficios en la salud futura de los niños. Esto se ha comprobado en países como Finlandia, donde por años el estado ha invertido una gran cantidad de recursos para incentivar estas prácticas y como resultado luego de algún tiempo, han visto que tienen niños mucho más saludables, menos propensos a caer en conductas adictivas y con un nivel intelectual algo mayor.