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Este ciclo de sueño suele durar entre 24 y 48 horas. Después de este período de sueño, los recién nacidos están activos durante la alimentación y las mudas, durmiendo el resto del tiempo.
El sueño del recién nacido es ligero y sensible al ruido, a la luz y al calor. Solamente a partir de los dos años, el niño tiene un sueño profundo.
Al principio, los ciclos de sueño son bloques que se distribuyen uniformemente entre la noche y el día. Sólo después de un tiempo los bebés serán capaces de establecer ciclos de sueño más largos durante la noche.
Tanto la maduración del sistema nervioso como el aprendizaje influyen para que los períodos de sueño nocturno sean más largos. Los bebés que están más activos y reciben más estímulos durante el día, pueden conciliar con más facilidad el sueño por la noche.
Alguna enfermedad y el dolor que ésta ocasiona pueden explicar una mala noche (por ejemplo la aparición de los primeros dientes).
10 consejos para que el bebé duerma bien
Ritual. Al bebé hay que enseñarle a dormir repitiendo las mismas acciones cada día.
Ambiente. Es conveniente acondicionar la habitación en la que va a dormir el recién nacido. Debe dormir siempre en la misma cuna, y en un rincón apartado, tranquilo y silencioso, donde se den unas condiciones de temperatura óptimas.
La temperatura. Los más pequeños sufren mucho con el calor. Por ello no se les debe abrigar en exceso. La temperatura se puede controlar instalando un termómetro en su habitación. Asegúrate de que el mercurio se sitúe entre 18 y 20 grados centígrados..
La cuna. En los primeros meses (normalmente hasta el cuarto) el niño dormirá en un moisés. Cuando empiece a girarse y a moverse con cierta autonomía, habrá llegado el momento de pasarlo a la cuna. Es conveniente que el material de fabricación del colchón favorezca la transpiración. Asimismo, se debe evitar la almohada en los primeros meses. Cuando se empiece a colocar, debe ser muy baja -de un par de centímetros de espesor-, de material antialérgico y antiasfixia.
La posición. Los pediatras recomiendan poner al bebé boca arriba o de lado para evitar el síndrome de muerte súbita del lactante.
El pijama. Para los bebés los más prácticos son aquéllos de una pieza que cubren incluso los pies. Lo importante es que el niño no esté excesivamente abrigado. Para los mayores un pijama de dos piezas, siempre de fibras naturales (y preferiblemente elástico), ayudará a conciliar mejor el sueño.
La luz. Si el niño tiene miedo a la oscuridad, puede dejarse una lámpara encendida junto a su cama, pues le ayudará a tranquilizarse y conciliar mejor el sueño.
El objeto de confianza. Un peluche o un tuto. Cualquier objeto puede dar seguridad al pequeño en ausencia de la madre. Por este motivo, el niño suele recurrir a ellos cuando tiene problemas para dormirse. Lo más importante es no olvidar nunca el objeto en la cuna una vez que el niño se haya dormido.
Dormir con los padres. Hay que ser consciente de que una vez adquirida esta costumbre puede resultar difícil abandonarla. No obstante, algunos expertos son partidarios de que el niño duerma en la cama con los padres, porque piensan que esta costumbre, así como la lactancia materna, favorece el vínculo entre el niño y los progenitores.
Dormir en brazos. Al igual que en el caso anterior, dormir al niño en brazos no es aconsejable, porque luego resulta difícil deshabituarlo de esto. Suele facilitar el sueño, pero puede crear una excesiva dependencia.
Enseñarle a dormir. Para evitar problemas a la hora de dormir es aconsejable comenzar desde los primeros meses con una serie de acciones, iguales cada día, que permitan que el lactante asocie la primera de ellas con el tiempo de dormir. Lo habitual es iniciar la serie con el baño, ponerle el pijama, luego la cena, etc. La rutina debe ser fija cada día para que el bebé termine adoptando este comportamiento.
Problemas del dormir
Muchos niños de 8 meses tienen dificultad para calmarse e ir a dormir. ¡Están tan entusiasmados de poder sentarse, arrastrarse, gatear y explorar, que no quieren irse a la cama!
No te sientas culpable si quieres disfrutar un poco de paz y tranquilidad o estar con tu pareja. La hora de dormir del bebé la decides tú.
He aquí unos consejos para que la hora de dormir no sea un problema:
- Siempre ponlo a dormir más o menos a la misma hora.
- Ponlo a dormir en el mismo cuarto donde despertará.
- Cada noche, a la hora de dormir, acarícialo, léele, cántale o háblale al bebé. Las rutinas tranquilizan a los niños para dormir.
- Algunos bebés toman la costumbre de llamar a la mamá o tirar juguetes fuera de la cuna para que los recojas. Si no detienes estos hábitos enseguida, el bebé se despertará varias veces durante la noche.
- Cuando el bebé llora después de haberlo acostado, comprueba que todo está bien, pero mantén la luz apagada y no lo levantes. Controla al bebé cada 10 minutos hasta que se vuelva a dormir, aunque todavía siga llorando. Probablemente no pasará más de una o dos noches para romper esta mala costumbre para siempre.
- Puedes bañarlo porque le ayudará a relajarse, darle una comida ligera que no preceda inmediatamente al irse a la cama.
- Muy a menudo, los niños son capaces de numerosas tretas para "ganar tiempo" o conseguir ir a dormir a la cama de los padres. No les gusta irse a la cama, pensar que papá y mamá tienen su propia vida sin él, encontrarse solo en su habitación… en estos casos, su imaginación es muy productiva: "tengo sed", "tengo hambre", "tengo que ir al baño", "he oído un ruido"…
- Durante la noche, si llora, déjalo que se tranquilice y se vuelva a dormir solo, no te precipites a su cuarto.
- Evita meterlo en tu cama, es una costumbre que querrá conservar rápidamente. Es fundamental mantener una actitud coherente entre ambos padres y que mantengan la misma postura noche tras noche.
Si a pesar de todo el problema persiste, no dudes en consultar al pediatra o a un terapeuta para niños.
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