| Las enfermedades en los niños |
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En un momento puede estar jugando feliz de la vida y en el otro se pone pálido, pierde las energías y se siente mal. Así de rápido se enferman los niños y así de rápido se recuperan.
Hay que aprender a observarlos y cuando se puede es recomendable esperar para ver cómo evolucionan los síntomas. Si los padre no creen que se trate de una urgencia o no ven un cambio drástico en el niño lo mejor es darle un par de días en la casa con los remedios correspondientes y no partir corriendo a la urgencia de una clínica o al doctor. Es bueno que el organismo del niño vaya generando sus propias defensas. Pero también hay casos en los que se requiere actuar rápidamente como frente a la pérdida del conocimiento, dificultad para respirar o convulsiones. En definitiva es de suma importancia el criterio y observación de los padres para saber como actuar y confiar en las determinaciones del médico. En todo caso siempre es bueno que en una casa con niños, tener anotado a mano el número de la clínica más cercana, de la ambulancia y algún teléfono de informaciones sobre intoxicaciones. También puede resultar útil que la mamá maneje algunos conceptos de primeros auxilios. Enfermedades frecuentes: Una forma de estimular el sistema inmune de un niño y mejorar su defensa ante las enfermedades es no exagerando en su aislamiento del entorno en que están insertos. De hecho es esperable que los niños sufran un mayor número de infecciones durante los primeros años de vida, lo cual permitirá a su sistema inmune entrenarse para evitar futuras reinfecciones. Esto es importante que los padres lo sepan y que tengan paciencia con las enfermedades en los menores ya que el hecho de que enfrenten a los agentes infecciosos con sus mecanismos naturales es una garantía de que en el futuro serán inmunes a ellos. Fiebre No se trata de una enfermedad sino de una señal de que el cuerpo está combatiendo una infección. En la mayoría de los casos es mejor no darle muchos medicamentos y que el organismo del niño vaya aprendiendo a defenderse sólo. Si no hay síntomas alarmantes o extraordinarios es recomendable esperar 24 horas antes de llevarlo al doctor, para que la infección ya esté focalizada y se vea como el niño ha combatido con la enfermedad. Generalmente se les pasará sola. Hay que tener en cuenta que los niños tienen fiebres altas y que más que la temperatura, que sin duda importa, lo determinante es cómo se encuentra el niño; fijarse en su decaimiento y apatía. En este sentido hay señales que exigen una revisión médica: el cuello rígido (señal de meningitis), dificultad respiratoria o un sonido al respirar, y el dolor de oídos ya que probablemente sin medicamentos la fiebre no bajará. Otro factor importante a considerar con fiebre alta es la deshidratación. Es por ello que hay que estar permanentemente alerta para darle líquido al niño, aunque sea a sorbos. La meta es conseguir que tome como mínimo un litro al día cuando se encuentra con fiebre alta. Si luego de 24 horas hidratándolo y dándole paracetamol sigue con fiebre, amerita un control médico. Otro riesgo de la fiebre alta son las convulsiones que son muy atemorizantes para los padres y para el niño. La primera medida que se puede hacer para bajarle la fiebre es meterlo a una tina de agua tibia y si no le baja llevarlo a urgencia. Los niños que tienden a presentar convulsiones con fiebre alta se les recomienda algún medicamento apenas aparece la fiebre para mantenerla bajo control. Resfrío Es de las enfermedades más frecuentes y de mucha recurrencia en invierno cuando los niños comienzan a ir al jardín infantil. La principal ayuda para el niño es que tome mucho líquido y si hay malestar darle paracetamol, pero no hay mucho más que hacer. Es preferible no obligarlo a comer en los días que le dure el resfrío ya que por lo general no sentirá tanta hambre y le molestará la congestión nasal. Para combatirla es bueno aplicarle suero salino en la nariz. Si pasados los 3 días el panorama no se ve mejor el resfriado común se puede haber complicado y es bueno consultarlo con el médico. Diarrea La mayor preocupación que debe existir frente a esta enfermedad es la deshidratación. Una mala señal es que el niño deje de orinar y tenga los labios resecos y ojos hundidos. Para combatirla es necesario obligarlo a ingerir líquido aunque sea a sorbos, ojalá con sales rehidratantes. Es mejor no obligarlo a comer hasta que la diarrea no vaya pasando e insistir en los líquidos. En el caso de que se aburra con lo que está tomando, también se les puede dar té o Ginger Ale. Señales alarmantes con respecto a la diarrea son cuando la deposición viene con sangre o moco, en esos casos hay que consultar inmediatamente con el médico. Dolor de oído Cuando son muy chicos y les duelen los oídos lo que hacen es tocarse o rascarse la oreja, están muy irritables y lloran. En el caso de que no haya fiebre pero sí mucho dolor puede ser porque el niño tiene agua adentro, existen gotas para solucionar este problema que debe recetar el médico. También a veces junto con el resfrío se produce dolor de oídos y esto se debe a una obstrucción del oído desde la garganta por inflamación de los tejidos, problema que también se puede solucionar con gotas. Cuando hay fiebre y el dolor no cesa puede tratarse de una otitis y debe ser controlada por un médico, ya que en la mayoría de los casos requiere de antibióticos. Hay niños con otitis crónicas en que se evalúa la posibilidad de operarlos para ponerles colleras, en estos casos esta medida muchas veces los alivia bastante. Inflamación de la laringe Esta enfermedad también llamada Crup es muy común en la infancia y afecta a los conductos respiratorios superiores. Los más susceptibles son los niños de 6 meses a 3 años de edad. Los síntomas incluyen una tos perruna y una respiración ruidosa. Su causa se debe a varios virus que son infecciosos y por lo tanto, contagiosos y, con menor frecuencia, a las alergias. Por lo general empieza con síntomas semejantes a los de un resfrío. En general los síntomas empeoran de noche y tienden a repetirse durante las dos a cuatro noches siguientes. La mayoría de los casos de crup son leves y no duran más de una semana. Las medidas que recomiendan los médicos van desde poner al niño cerca de la humedad que emana del agua hirviendo a acercarlo al freezer o al aire exterior para ayudarlo a desinflamar las vías respiratorias. En cuanto a medicamentos lo más común es que receten corticoides que reducen la inflamación del conducto respiratorio y facilitan la respiración. Aunque no es común a veces la enfermedad es severa y es necesario llevar al niño a una urgencia. Para evaluarlo y tomar la decisión es importante fijarse en la dificultad respiratoria que tenga, en que se le ponga morado alrededor de los labios o emita demasiado ruido al respirar. |


