| Objetos de veneración infantil |
Una escena frecuente en cualquier familia con niños pequeños son los “dramas” que se generar en su interior por la pérdida del chupete preferido del niño, de su mantita o de un mono de peluche. El problema es que cuando se pierden no hay solución, no se trata de salir a comprar otro. Era “ese” el especial, el que tenía el olor y sabor conocidos, el que le brindaba al niño una sensación especial. Justo en el momento en que el niño comienza a adquirir cierta mayor independencia de sus padres -cerca de los nueve meses- tiene un retroceso. Lo que le sucede es que comienza percibir que la vida es más que su madre, aprende a desplazarse sólo y a incursionar en el mundo y esto le entusiasma y paralelamente le asusta. Frente a este vértigo que siente por su independencia, echa mano de un objeto que le sea familiar, para que le sirva de “bastón” en ausencia de la madre. Abrazado a su objeto predilecto se siente más seguro y acompañado para enfrentar nuevos desafíos, por lo tanto facilita su proceso de madurez y autonomía. La elección de este objeto sin duda es de ellos y muchas madres se sienten heridas porque regalándole peluches preciosos, el más querido por el niño es el oso más gastado del estante. Pero esto tiene una razón de ser y es que el niño no se rige por criterio estéticos sino más bien por lo que le da una sensación de mayor placer y cobijamiento. Le importa la textura, que ojalá sea suave y en gran medida el olor que mientras más familiar le sea (de la madre, del padre o de lo que asocia con su hogar) más le atraerá. Para tranquilidad de los padres, el que el niño recurra a uno de estos objetos no se debe a que se sienta falto de afecto. La causa más bien relación con su carácter. Lo que se debe tener en cuenta es que si se apegó a uno de estos objetos, no es bueno llevarle la contra ya que es algo que necesita para seguridad. Probablemente seguirá con esta apego hasta cerca de los tres años, lo que no tiene nada de inconveniente. Los problemas se presentan después, por ejemplo en el caso del chupete, cuando hay que quitárselo, pero probablemente a medida que pase el tiempo ya va a tratarse más bien de una costumbre que de una necesidad emocional, entonces no será tan dañino acostumbrarlo, por ejemplo a dormir, sin su “tuto” o mono preferido. El pediatra psicoanalista Donald Winnicott, quien estudió este fenómeno infantil designa a este tipo de artículos a los que los niños se apegan como “objetos transicionales”. Esto se debe a que le da un apoyo al niño en su transición de una etapa de total dependencia materna a otra en que comenzará a ser más autónomo. Su uso les resulta especialmente fundamental a los menores cuando deben enfrentar situaciones nuevas, relacionarse con adultos desconocidos o en el proceso de dormir solos, ya que se sienten protegidos y como no pueden recurrir a sus padres, se apoyan en objetos que en cierta medida hacen referencia a ellos.Una recomendación importante para tener en cuenta en esta etapa es que los papás deben ser prácticos. Ojalá que el niño no se apegue a una sola cosa y que si esta falta no se convierta en un drama familia. Para ello es bueno, por ejemplo tenerle tres chupetes iguales e irlos rotando, o hacer lo mismo con mantas o tutos –para poder lavarlos-. Si es un mono de peluche es más difícil, o algo más singular es más difícil presentarle una alternativa. Otra consejo, de acuerdo a los especialistas, que es bueno considerar es que cuando se quiera quitar esta costumbre, ojalá cerca de los tres años, no se haga bruscamente y menos en períodos de cambio para el niño, como el ingreso al jardín infantil o cerca del nacimiento de un hermano. |



Una escena frecuente en cualquier familia con niños pequeños son los “dramas” que se generar en su interior por la pérdida del chupete preferido del niño, de su mantita o de un mono de peluche. El problema es que cuando se pierden no hay solución, no se trata de salir a comprar otro. Era “ese” el especial, el que tenía el olor y sabor conocidos, el que le brindaba al niño una sensación especial.
El pediatra psicoanalista Donald Winnicott, quien estudió este fenómeno infantil designa a este tipo de artículos a los que los niños se apegan como “objetos transicionales”. Esto se debe a que le da un apoyo al niño en su transición de una etapa de total dependencia materna a otra en que comenzará a ser más autónomo. Su uso les resulta especialmente fundamental a los menores cuando deben enfrentar situaciones nuevas, relacionarse con adultos desconocidos o en el proceso de dormir solos, ya que se sienten protegidos y como no pueden recurrir a sus padres, se apoyan en objetos que en cierta medida hacen referencia a ellos.