| ¿Quién manda a quién? |
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Desde muy chicos los niños aprenden a manejar a sus padres o por lo menos intentan hacerlo. Se trata de un proceso natural en el desarrollo del niño y que en cierta medida les va dando seguridad en sí mismos. Y los intentos que hacen no son pocos; al comienzo parten con el llanto y luego pueden llegar a las pataletas y a las peleas a la hora de comida o de irse a acostar. Un buen manejo de los padres, en este sentido, es fundamental para que esta tendencia natural se canalice bien y el niño no llegue a ser a los cinco años un pequeño tirano que reina en la casa a punta de gritos y pataletas para que se cumplan sus deseos. Es por esto que resulta de suma importancia para la vida familiar poner pocas normas pero intransables y que los padres estén de acuerdo con ellas para ejercerlas con autoridad. De este modo, el niño tendrá un importante marco de libertad pero sabrá que sus padres tienen la autoridad para controlarlo en los aspectos que consideran importantes. Pero a veces estos niños que llaman la atención no son simplemente “mañosos”. Es muy importante estar atentos a las causas que los llevan a determinadas conductas. Hay un aspecto importante que deben revisar los propios padres y es la disponibilidad y atención que les entregan a sus hijos. En la actualidad muchos papás trabajan y llegan agotados en la tarde evidentemente sin muchas energías para jugar con sus niños, pero estos en realidad necesitan un espacio. Luego de haber estado separados de sus padres durante todo el día tienen la necesidad de vincularse afectivamente con ellos y decantar los acontecimientos vividos en el día y si no encuentran la atención requerida al poco tiempo empezarán a exigirla, con todo derecho, desarrollando las más diversas técnicas para llamar su atención. “Yo tengo el poder” La manipulación consiste en un grupo de técnicas para intentar mantener el control emocional sobre la otra persona. Esto se da con frecuencia en la relación padre-hijo. Por un lado los padres sin darse cuenta y con la mejor de las intenciones tratan de ejercer cierta influencia sobre el comportamiento de sus hijos con premios y amenazas que en cierta forma se basan en el mismo sistema y que los niños aprenden con prontitud. Los niños en cierta forma intenta medir los límites de sus padres. Desde muy temprano, cerca de los cuatro meses ya los niños en cierta medida con sus llantos intentan llamar la atención y “manejar” a sus papás, el niño va probando el poder que tiene sobre sus papás. Esto es parte del desarrollo afectivo de un niño y está muy bien, demuestra que es inteligente y que intenta conseguir lo que quiere, el tema sobre todo cuando van creciendo es saber educar y canalizar estas aspiraciones legítimas del niño.Probar hasta dónde puede llegar y manipular situaciones es la forma que tiene el niño para medir la importancia que tienen ciertas actitudes de él frente a sus padres. De este modo si un acto no tiene la reacción esperada el niño rápidamente concluye que no vale la pena repetirlo y también en ciertas ocasiones como dijimos anteriormente es bueno que el niño encuentre cierta reacción porque lo que está pidiendo es un poco de “atención y espacio” de sus padres. Cuando esto se lleva a extremos y no se ha sabido manejar correctamente comienza prácticamente una lucha de poderes en que padre e hijo no ceden intentando llevar a los límites al otro. Esto sin duda está mal y un camino para llegar a esa situación son los padres que para no tragarse pataletas ni gritos cuando están cansados o se encuentran en público comienzan a ceder en las ordenes dadas y a “canjear” el buen comportamiento del hijo por premios. El niño rápidamente aprendió la lección y ya sabe que esa es la vía para conseguir lo que quiere. Para estimular la colaboración del niño y reducir sus intentos de manipulación pueden servir las siguientes ideas: -Hablar de los temas antes de que aparezcan los problemas y cuando aún se puede conversar en frío la situación. Por ejemplo explicarle el comportamiento que se espera de él en el supermercado antes de llegar a este lugar. -Dejarlo elegir; de acuerdo a su edad darle un marco de libertad para que vaya ganando seguridad en sí mismo de este modo y no probando continuamente su habilidad para manejar a sus padres. -Si el niño le pide que lo ayude o acompañe en un juego, hágalo. Es una buena forma de darle seguridad y de que sienta que logra llamar su atención “positivamente”. -Cuando estén en la mitad de un tira y afloja déle alternativas para que no se transforme en una lucha en que cada uno peleé hasta el final para ganar la batalla. -Para dar una orden no lo haga con una pregunta sino con un tono firme e imperativo. -Felicítelo por su colaboración y buena actitud cuando el niño se haya comportado como corresponde.
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Los niños en cierta forma intenta medir los límites de sus padres. Desde muy temprano, cerca de los cuatro meses ya los niños en cierta medida con sus llantos intentan llamar la atención y “manejar” a sus papás, el niño va probando el poder que tiene sobre sus papás. Esto es parte del desarrollo afectivo de un niño y está muy bien, demuestra que es inteligente y que intenta conseguir lo que quiere, el tema sobre todo cuando van creciendo es saber educar y canalizar estas aspiraciones legítimas del niño.